¡Criticar todos sabemos mucho, pero reconocer y soltar una felicitación, eso no!

Esta aportación viene de un debate que ha surgido a raíz de un post anterior: “Testimonio: cómo dar un pésimo servicio y una pésima atención a un cliente” en uno de los grupos de Linkedin a los que pertenezco.

¿Sabéis cual es la cuestión? 

que criticar todos sabemos mucho, pero reconocer y soltar una felicitación discreta eso, parece que atenta contra el principio de la humanidad ¡Error!
Personalmente si voy a un restaurante, me quejo si el servicio y la comida alguna vez ha sido malo, pero por suerte como siempre que me ha sido satisfactorio, no dudo en felicitar al chef o camarero que me atiende para que lo acepte y lo trasmita.
¿Se nos cae los anillos por valorar? Sé que no a todo los sectores se puede estar felicitando por algo que en principio deberían hacer bien, pero de vez en cuando, es como una riqueza interna, ¡me he ido ligeramente del tema, pero lo encauzo para finalizar diciendo que si los que realmente se esmeran en el trato con el publico fueran en igual medida realzados como aquellos que lo hacen fatal, ese equilibrio haría de muestra para que la parte positiva fuera las mas imitada desde la infancia!

 cabe concluir que algunos tienen un tacto profesional que da pena, y que muchas veces se comentan y es que algunas personas tiran por tierra el trabajo de buena labor que muchos profesionales con una atención al cliente llena de buenos Propósitos de ayudar y no tan solo de comercializar básicamente, ofrecen por defecto. 
Menos mal que lo bueno si abunda, y hemos de criticar y apartar a los que perjudican la labor y dan una mala imagen de sectores que aunque similares a los de telefonía o banca, no son lo mismo ni actúan igual, ni creo que tampoco haya que generalizar porque de todo hay en la viña del señor.”

SILVIA S., es Asesor Fiscal y Laboral en Barcelona

Primero quiero agradecer aquí a Silvia por levantar un tema tan interesante y poco tratado, y aceptar aportarlo al blog.

En efecto, en nuestra vida y educación hemos terminado por centrarnos más en la crítica (no siempre constructiva) que en hacer notar lo bueno: pedir que se felicite al chef cuando un plato ha resultado particularmente bueno, agradecer un buen servicio proporcionado o una atención que nos ha hecho sentir especiales, mimados (como en cierta publicidad de dosis de café), etc…

Parece como si lo bueno nos fuera debido y que lo malo fuese un crimen. ¡Vamos como si todos fuésemos perfectos! La perfección no existe, y si lo hiciera me parecería extremadamente aburrida, pues ¿dónde estaría la sorpresa?

Pero la verdad es que el error es humano y aunque debemos perdonarlo, aportar una crítica constructiva, para ayudar a enmendar ese error o que no se vuelva a cometer es algo justo y, casi diría que necesario, pero igualmente necesario es felicitar a quién bien lo hace, pues así nos aseguramos que continuará haciéndolo bien.

Y esto vale, tanto para quién nos proporciona un servicio y/o consejo acertado, como para aquel que trabaja para nosotros, un colega, un miembro nuestro equipo y hasta en otro equipo, dentro de la misma organización o no.

Esa palmadita en la espalda que nos da ánimos para continuar por el buen camino tiene mucho más valor del que podemos imaginar, y si además es pública… pues ¡ni qué decir!

También es cierto que todavía demasiados lo hacen mal, pero eso se puede enmendar. Baste la voluntad de toda la organización, desde las esferas jerárquicas más altas hasta las más bajas. Es un trabajo constante y que no se realiza del día a la mañana, pero si hay voluntad el resultado estará ahí y se verá.

Para terminar, he aquí un ejemplo propio.

Como en toda fiesta de fin de año española, compramos turrones para compartir con la familia. Compramos habitualmente los turrones en nuestra panadería artesana de confianza, quienes hacen el turrón de yema “en casa” y los otros son producción de un artesano amigo (producción únicamente de temporada, que cuando se acaban no hay posibilidad de tener más hasta el año siguiente).

Así, llegado el momento de las comilonas familiares, con tres y hasta cuatro generaciones mezcladas, a la hora del turrón pudimos comparar los nuestros con otros de diversos orígenes. Llegado el veredicto, este año, los nuestros fueron los mejores, y de lejos, aunque entre los otros había algunos de un origen particularmente ilustre.

Unos días después, pasando a la panadería a comprar pan como de costumbre, mientras hacíamos la cola (me gusta hacer esto cuando hay gente alrededor) felicitamos animadamente a las “panaderas” por la excelencia de sus turrones, lo que nos agradecieron mucho, pero cuando les dijimos que los habíamos comparado con otros y “que no había color”, el color les subió a ellas a las mejillas, al tiempo que su sonrisa se ensancho (y hay que decir que no tienen reputación de muy sonrientes).

¿Alguna experiencia positiva alrededor de una felicitación dada o recibida?

¡No duden en hacernos partícipes!

Un pensamiento en “¡Criticar todos sabemos mucho, pero reconocer y soltar una felicitación, eso no!

  1. Pingback: 3ª Charla: 5- Una nueva cultura empresarial = orientada hacia el cliente | Todos Clientes

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